Infancia

Quiero que me conozcas no solo como escritora, sino como la niña que fui y que siempre me acompaña.

Nací en una familia hecha de retazos: inmigrantes italianos, sangre gitana, manchegos emprendedores… Un mosaico humano lleno de vida. Por parte de mi madre, seis hermanos y quince primos; por parte de mi padre, dos tíos y cinco primos. Crecí rodeada de voces, risas y esa multitud que convierte la infancia en un universo compartido.

 

En mi niñez, la pintura y la música eran el hilo de cada día. Recuerdo cuando la esposa del pintor Fernando Soria me sorprendió curioseando entre lienzos. Ella, que tras la muerte de su hija encontró refugio en la poesía, me enseñó que las palabras podían entrelazar sentimientos y esperanzas. Desde entonces entendí, de forma natural, que el alma humana guarda grandes secretos y emociones.

Escribí muchos cuentos en aquel tiempo. Ojalá hubiera sabido guardarlos como el tesoro que eran. Pero no fue hasta mi maternidad que la escritura regresó a mí con fuerza. Conocí a mi pequeña estrella y le dediqué historias a lo largo de su crecimiento: Durwin, Cómo te creé en mi barriguita, Las tres ratitas y La bruja que no sabía contar.

Años más tarde, la pérdida de mi padre me impulsó a crear un universo donde el amor no se extinguiera y los encuentros siguieran siendo posibles. Así nació en Barcelona La Luna y las cuatro estrellas deseo, seguida por El final de la luz y Los tres lagos.

En mis relatos se entrelazan realidad y fantasía, como en aquella infancia mía en la que todos éramos iguales, las diferencias no eran barreras y cada primo representaba un rincón distinto del mundo.

Si algún día nos cruzamos y me ves escribiendo mientras escucho música, no dudes en saludarme: será un regalo.

Me encantaría que te unieras al programa “Letras al Aire”, en colaboración con Cadena SER, y juntos hagamos crecer la literatura.

Te espero cada jueves, a partir de las 13:10, en el 91.3 FM de la SER.

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