La infancia está llena de pequeños momentos que, con el tiempo, terminan convirtiéndose en recuerdos imborrables. A veces son canciones, otras veces juegos, miradas o gestos sencillos que permanecen dentro de nosotros incluso cuando crecemos.
En muchas ocasiones, la percepción del amor en la niñez es pura, intensa y profundamente emocional. Sin embargo, también puede venir acompañada de inseguridades, silencios y emociones que todavía no sabemos comprender.
Cuando somos pequeños, buscamos sentirnos queridos, escuchados y comprendidos. Y muchas veces, aunque no lo digamos, necesitamos que alguien nos ayude a sentirnos más valientes.
La importancia de las emociones en la infancia
Hablar de emociones en la infancia es hablar de experiencias que dejan huella. Los niños sienten de forma intensa, aunque muchas veces no tengan las palabras para expresar todo lo que ocurre dentro de ellos.
Yo era una niña que soñaba entre la música y los bailes en el patio.
Deshojaba margaritas mientras pedía deseos, imaginando si algún día se cumplirían.
En esos pequeños rituales infantiles también existían preguntas silenciosas: si éramos importantes para alguien, si nuestros sentimientos eran correspondidos o si aquello que soñábamos podía hacerse realidad.
Por eso, muchas veces en la infancia habríamos necesitado sentirnos más escuchados. Una mirada que entendiera nuestros miedos, nuestras ilusiones y esa sensibilidad que acompaña a los niños cuando descubren el mundo emocional.
La educación emocional infantil está cobrando cada vez más importancia precisamente porque ayuda a comprender cómo viven los niños sus emociones desde edades tempranas.
Los recuerdos de la infancia y las emociones que permanecen
Con el paso de los años, los recuerdos cambian de significado. Lo que en la infancia parecía confuso o lejano, de adultos puede verse con más ternura y comprensión.
Y entonces entendemos algo importante.
No éramos los únicos que guardábamos deseos en silencio.
Aquellas personas que nos regalaban margaritas, que compartían canciones o pequeños momentos con nosotros, también tenían emociones que quizás nunca supieron expresar.
Al final, crecer también significa comprender que muchas personas amaban desde sus propias inseguridades, desde sus silencios y desde aquello que nunca llegaron a decir.
Por eso, los relatos de Lourdes Nicolás Pérez – Lunar conectan con la infancia desde un lugar emocional y cercano, ayudando a niños y adultos a reencontrarse con recuerdos, emociones y sentimientos que siguen viviendo dentro de nosotros.
La infancia como refugio emocional
La infancia no desaparece por completo cuando crecemos. Muchas de las emociones que vivimos de pequeños siguen acompañándonos en la vida adulta.
Por eso es tan importante cuidar el mundo emocional de los niños, escucharlos y permitirles expresar lo que sienten sin miedo.
Porque, a veces, una simple margarita puede convertirse en un recuerdo eterno.
Y porque muchas de las emociones más importantes de nuestra vida nacieron, precisamente, en aquellos patios donde soñábamos sin límites.

